CASTELLANO, Cuadernos de viaje, voluntarios Abay

El viaje de ASICS a Walmara

Con los ojos abiertos y el corazón bien apretado íbamos llegando primero a Addis y poco después a Gaba.

Iñaki, Paco, Javi y Jesús llegaron unos días antes. Una suerte porque pudieron asistir a la presentación del libro “Addis, Addis” de Carlos Agulló en la Embajada de España en Addis. También se adelantaron llegando a Walmara y empezaron a remangarse para trabajar con el cuerpo y con la mente.

Libro “Addis Addis”. Carlos Agulló.

El primer día en Walmara amanecieron antes de que lo hiciera el sol y caminando entre la tierra embarrada y cuarteada que había dejado la tormenta de la noche anterior pusieron rumbo a Tefki, casi 13 kilómetros que comenzaron en la oscuridad para poder llegar a tiempo a un entrenamiento muy especial. Un entrenamiento en el que consistía “solamente” en correr por las calles, un entrenamiento en el que estaban corredores de primera categoría como  Kenenisa Bekele o Tirunesh Dibaba. El objetivo era conocer actividades turísticas próximas a Gaba Kemisa que puedan promoverse asociadas a la visita a Walmara. 

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entrenamiento

A las pocas horas tanto ellos como nosotros (Carlos y yo, que habíamos llegado la noche anterior a Addis) nos encontraríamos en  “nuestra casa” Abay en Walmara.

Íbamos acompañados por Maier (que pasaría dos días con nosotros), Carlos Agulló y Loreto, su mujer, (que nos acompañarían sólo es día), Engedawork, Eyob y Behailu (que se marcharían esa tarde con Carlos y Loreto).

Bien, pues hechas las presentaciones, retomo. Llegábamos a media mañana. La emoción de volver casi no me dejaba disfrutar del camino. Íbamos cargados hasta los topes y tan apretados que tuvimos que jugar a tetris para poder colocarnos de forma que entrásemos todos.

Salté del todo terrero y al poner los pies en Gaba por un momento todo se paró. Y el sol brilló más si cabía, y el calor me aplastó el cuerpo, y el sonido y el olor de aquella tierra se arremolinaron en mi cabeza y mi alma se llenó de repente. Habíamos llegado a casa.

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 La tarde transcurrió agitada entre las explicaciones de los proyectos a Engdawork, Carlos y Loreto, así como las presentaciones a todos los asistentes de Walmara (por supuesto el alcalde entre ellos y el primero) de IRT, del libro de Carlos, del libro de Buna, del Thursday Market, de la entrega de la primera edición de cuentos escritos y dibujados por alumnos de Bacho y de un colegio de España, la proyección del video de IRT y de escuelas canguro…

Y la noche se hizo larga rematando todo lo necesario para la carrera del día siguiente, camisetas, dorsales, listados de inscripciones…

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 El calor de la mañana, la emoción, los nervios y la ilusión de nuestra primera carrera allí nos puso en pie a todos muy temprano.

Los corredores se agolpaban a las puertas de centro sin apenas darnos tiempo a buscar sus dorsales y entregarles las camisetas. Tuvimos que multiplicar nuestros esfuerzos y dividir nuestros cuerpos para poder alcanzar las 11 de la mañana y que los participantes se encontraran en la línea de salida para, por fin, y después de un año del trabajo de muchos, viéramos con nuestros propios ojos y sintiéramos en primera persona la I Carrera IRT.

Se hace difícil describir lo que cada uno de los seis sintió. Distribuidos por la carrera, cada uno cumplíamos con nuestra parte de “plan”. Me arriesgo a decir, sin miedo a equivocarme, que sentimos algo parecido a una mezcla de asombro, alegría, emoción,  entusiasmo, orgullo, felicidad, desconcierto… cada uno en mayor o menor medida y enredado con una profunda sensación de conectar más que nunca España con Etiopía.

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salida carrera

Con la fiesta y el jaleo de después se fueron aflojando las tensiones de la mañana que acarreábamos cada uno y que nos lo habíamos dicho en silencio con la sonrisa de las miradas.

La tarde no daba tregua y el trabajo nos esperaba, así que le dimos esquinazo al cansancio y proseguimos el día con la energía suficiente para llegar a la noche enteros. Nos habían preparado una cena de bienvenida.

Profesores, monitores, gente del pueblo, el alcalde… la biblioteca se había convertido en el centro de aquellas charlas, risas y multitud de injera por todas partes.

Tras la cena,  nos entregaron  dos preciosos trajes típicos de Oromía y un cuadro con el logo de Abay

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 El resto de días en Walmara transcurrieron entre miles de proyectos y actividades en las que cada uno dio lo mejor de sí mismo, no me cabe la menor duda. Desde la revisión de apadrinamientos y el funcionamiento del aula canguro y el aula enlace, la mejora del club de extraescolares, los talleres de hermanamiento y de inglés, la dinamización de la biblioteca, el seguimiento del taller textil, el comienzo de las obras para el proyecto EBA, la contratación de nuevo personal, las múltiples reuniones con profesores, monitores, comité… las revisiones médicas y el apoyo al enfermero, la dotación de nuevo material deportivo, las actividades de gymkana con todos los alumnos de la escuela canguro y aula enlace, las mejoras en las instalaciones y la revisión de éstas…

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Iñaki

Era lo mejor de cada día, el no parar, el avanzar, el saber que el tiempo allí cundía por dos y se los esfuerzos de todos se repartían por cada rincón. Y aunque a veces el cansancio quería ganarnos la partida, bastaba una sonrisa o una mirada de un compañero para saber que ya podía darse media vuelta “ese cansancio” porque no tenía nada que hacer.

Aún con el foco estaba puesto en el trabajo, también quedaron tiempos para disfrutar de un paseo todos juntos a las tantas de la madrugada a ver las estrellas bajo el cielo de Gaba Kemisa, tiempo para caminar hasta Tulu Falo Dalecha en busca de un proveedor de miel, tiempo para ir al mercado del jueves y disfrutar de una coca cola caliente, tiempo para fregar los cacharros en aquellos barreños en el patio con la única luz de nuestras linternas, tiempo para hacer una tortilla de patatas en dos tardes, tiempo para unos deliciosos bollos con el café de la mañana acompañados de “¿quieres un malarone?”, tiempo para una partida de ping pong, tiempo para lavar nuestra ropa, tiempo para algunas charlas y bastantes risas.

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Paco, Meri y Javi

No podía creerlo, era la última y es que… no quería hacerlo. No podía. No aún, era demasiado pronto. O tal vez no, era justo el momento, pero para mí era muy pronto. Sí, debió ser eso, era muy pronto para mí. Sin embargo… lo hice.

Leí primero a mis compañeros, a cada cual más sincero y más emotivo contando en el precioso libro de Walmara lo que aquellos días habían significado para cada uno. Por fin escribí, no sin dolor en mis palabras pues significaban que nos marchábamos.

Me apresuré a hacer la maleta, queríamos salir temprano después de comer y ya era casi la hora de irnos.

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Las maletas se quedaban con Eshetu que esperaría al coche para encontrarnos en Suba Park al atardecer. El resto saldríamos de Gaba caminando unos 13 kilómetros hasta allí.

Los primeros besos y los primeros abrazos los superé tragando saliva y mirando sin mirar pues si revisaba cada esquina iba a volverme loca y a agarrarme a la puerta como una niña pequeña gritando “no me quiero ir”. Abonesh fue de la última de quien me despedí y ya no pude evitarlo. Mi pecho me presionó con fuerza y mi corazón lloró primero, detrás fueron mis ojos.

Durante unos minutos me quedé la última en el camino a Suba, necesitaba que esas lágrimas se marcharan rápido y me dejaran disfrutar del recorrido a pie que nos esperaba.

Amenazaba con llover y con oscurecer antes de nuestra llegada así que aceleramos el paso por aquel camino de tierra bastante poco amable. Sin embargo, las vistas de cada paso merecían la pena y nos dejaban perplejos a cada minuto.

Las risas y las bromas no cesaron durante todo el camino, era sin duda un regalo, no se podía tener mejores compañeros de viaje. Y no podían acabarse mejor esos días que con aquel viaje a Suba.

Queríamos conocer el camino y el lugar como posible recomendación a los futuros voluntarios que llegaran a Walmara.

Nada más llegar, el cielo se cerró y oscureció de golpe. Una fuerte tormenta había comenzado a arreciar.

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 El último día de nuestro viaje lo pasaríamos en Addis, recorriendo las tiendas y mezclándonos en bullicio de Merkato para comparar artesanías. Y lo remataríamos por la tarde con nuestra última reunión para seguir valorando proyectos de colaboración.

Casi entrada la noche abandonábamos Addis. Empezaba nuestro viaje retorno. Las caras de todos denotaban cuánto dejábamos en aquella tierra querida.  Y las sonrisas compartidas hablaban de lo que nos costaría la despedida.

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 Las voces mudas despiertan en Gaba

el tímido sol se atreve a salir

la luna no quiere esconderse

por miedo a sentirse morir

 

No se acordó de vosotros

¿quién sabe que estáis ahí?

 

La tierra rojiza se deja empapar

el viento calmado susurra en oromo

canciones borradas que vuelan despacio

y llegan muy lejos no se sabe cómo

 

No se acordó de vosotros

¿quién sabe que estáis ahí?

 

El sol en lo alto se ha vuelto a llenar

de vivos colores y cálida paz

despierta ya el pueblo entero

y muéstrale al mundo de qué eres capaz

 

 

Y nos marchamos, con los ojos cerrados y el corazón repartido por cada rincón de Gaba Kemisa.

Y llegamos a casa y llegamos a nuestros trabajos y a la rueda que habíamos dejado al marcharnos, y seguía girando… ¿Por qué lo hacía tan deprisa? De un saltó o tal vez de un empujón conseguí subirme al fin.

¿Por qué era tan difícil de explicar cómo era Walmara? ¿Por qué eran tan torpes mis palabras contando lo que habíamos ido a hacer allí? Sonaban huecas las explicaciones y carecían del sentimiento con el que ocurrieron. Daban ganas de decir, lo siento, no te lo puedo contar, tendrás que ir allí y vivirlo tú.

Y entre intento e intento por tratar de explicar recordé que me había dejado el corazón repartido en aquellas sonrisas, en aquellos ojos azabache, en aquella luna, en aquella tierra… tal vez por eso no lo sabía contar…

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En algún lugar de África

En el aeropuerto de Madrid nos reunimos ilusionados y ajenos a lo que íbamos a vivir en los próximos días. Algunos éramos viejos conocidos, y otros nos encontrábamos allí por primera vez. Cargábamos con material y proyectos para llevar a cabo en nuestra breve visita.

Tras muchas horas de viaje llegamos a nuestro destino, un lugar que parecía olvidado por el resto de los occidentales y quizás hasta por nuestros dioses: Walmara. Uno cree al llegar allí que ese sitio no pertenece a los humanos sino a la naturaleza, a los animales, y que los hombres nos hemos colado y nos hemos quedado allí, sin saber muy bien porqué o para qué, y sin embargo es justo de allí de donde venimos.

Para nuestra sorpresa encontramos un milagro, un oasis en un desierto, una infraestructura en medio de la nada en la que, según nos explicaron, los niños más pequeños recibían educación, alimentación y cuidados, lo que permitía que sus hermanos mayores pudieran asistir al colegio (única salida para una vida sin futuro).

Aún sin salir de nuestro asombro damos un paseo por la grandiosidad africana, sintiendo la naturaleza en su más puro estado, sin ese toque artificial que le damos en nuestro “primer mundo” para intentar controlarla; a lo que parecía una llamada misteriosa e inaudible, acudieron niños, muchos y muy pequeños niños que se agarraban a nuestras manos y de alguna forma a nuestra alma, no pidiendo más que el contacto con nuestra piel.

Al día siguiente comenzamos la misión que teníamos encomendada. Como parte del equipo sanitario, junto con Paloma y Motuma, comenzamos a primera hora de la mañana y de una manera casi incansable a hacer la revisión de todos los niños y jóvenes de las escuelas deportivas que pudimos: peso, talla, auscultación… Fue un desfile de niños y niñas que durante unos días seguían obedientemente las órdenes que les dábamos, que entraban asustados en el botiquín en el que el calor podía ser sofocante en algunos momentos; como regalo, una tímida sonrisa de algún niño; como castigo alguna lágrima contenida.

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Ya volví hace más de un mes a mi realidad (o quizás irrealidad ), a los problemas que me invento para hacerla más interesante, supongo… y sigo dándole vueltas y preguntándome qué les aporté a ellos en esos días, si es que les aporté algo; sin embargo si se lo que ellos me aportaron a mi, y eso siempre quedará conmigo.

Gracias Abay por darme la oportunidad de recibirlo.

Carlos Sánchez Rodríguez.

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Para siempre Walmara en el corazón

Mi primer contacto con Etiopía fue en Agosto de 2.008, cuando viajé a Addis para adoptar a mi hija, fue entonces cuando me quedé prendada de este país y de sus entrañables gentes, me quedé con ganas de volver y adentrarme en su sabana, convivir con ellos y conocer más su cultura, sus costumbres y así empezó nuestra aventura cuando Abay nos dio la oportunidad de ir a este rinconcito del mundo situado a casi setenta kilómetros de Addis-Abeba.

Con nuestra furgoneta cargada, después de recorrer varios kms por carretera asfaltada nos adentramos en la sabana africana por un camino intransitable y un paisaje espectacular, al tiempo que nos íbamos cruzando con algún chiquillo que iba con un burro cargado con un saco de cereales, los niños pastores con su palo en mano saludándonos y así después de recorrer unos treinta kilómetros llegamos al poblado, Gaba Kemisa. Nada más adentrarnos en el poblado, alrededor de nuestra furgoneta numerosos niños gritaban sonriendo… “Faranyi Faranyi” (extranjeros extranjeros). Y en medio de este bullicio llegamos a la puerta del recinto de Abay.

La primera impresión nada más bajar del coche fue que nos iban a comer las moscas, los niños sonriéndonos, tocándonos y todos intentado ayudarnos con nuestro numeroso equipaje. Una vez dentro del recinto empezaron las presentaciones, Adugna el coordinador de ABAY, siempre dispuesto a ayudarte, a acompañarte, sin perder nunca la sonrisa. Motuma, el enfermero contratado por ABAY, super responsable en su trabajo, enseñándonos su consulta y sus medicamentos impecablemente organizados; y fuera de su trabajo una de las personas más simpáticas, divertidas y dispuestas que conocí. Mami, la mujer para todo, pendiente de ir al pozo para que no nos faltara agua, cantando con los niños del aula canguro, limpiando las aulas… persona excepcional. Alemayu, coordinador de deportes, tímido y disciplinado. Abonesh, profesora de inglés y coordinadora del centro, con su contagiosa sonrisa. Dani, el veterinario, que se pasaba los días pendiente de sus animales. Asnakech, profesora del aula de enlace, que con su tímida sonrisa nos saludaba desde la puerta del aula. Molu, la profesora de costura, que además de formar a varias chiquillas, siempre cocinando su famosa enyera; y todas las demás chicas que trabajan con los niños y que forman este gran equipo.

Lucy Fidalgo Pose

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En este viaje puedo decir que hemos trabajado con ellos, reído con ellos, llorado, cantamos, bailamos… fue divertido y emocionante. En nuestra primera tarde ya empezamos con el programa de apadrinamientos, mi compañera Eva impartió clases de inglés a los profesores del colegio de Bacho, los cuales mostraron mucho interés en aprender. A mi juicio fueron unas clases muy productivas, pero también al mismo tiempo divertidas. Mi compañero Edu, nuestro “coordinador logístico”, buscando las coordenadas del centro de salud de Holeta, de la farmacia, de la casa del Gary, un hombre que tiene un carro de caballos y que lleva a la gente de Abay cuando necesitan salir del poblado, fue divertido, toda una experiencia.

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Cada vez que salíamos del recinto, innumerables niños nos acompañaban a todas partes, llamándonos Faranyi, peleándose por darnos la mano y pidiendo a cada momento que les hiciésemos fotos. Las niñas con sus cabezas llenas de trencitas, les llamaba la atención nuestro pelo liso, no parando de tocarlo como si fuera algo excepcional. La gente del poblado nos saludaba al pasar, a la vez que cuchicheaban entre ellos y se reían,  ¡¡a saber Dios por qué…!! jajajaja. Admirable esta gente que con tanta dignidad llevan su inmensa pobreza. Quiero dar las gracias a Abay por darnos la oportunidad de conocer este pedacito de paraíso en este lugar del mundo, y quiero compartir con los socios de Abay que no hayan tenido la oportunidad de ir allí, lo que Abay hace para que estas personas tengan la vida un poquito más fácil.

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Sólo deciros que si tenéis la oportunidad, no dejéis de conocer este paraíso llamado Walmara, donde tras el bullicio del día, escuchando a los niños cantar, reír, llorar y jugar; llega la silenciosa noche donde el cielo es tan limpio y nítido que jamás había visto tantas estrellas en él brillando de una manera tan especial, así como escuchar el silencio de la naturaleza, el cantar de los grillos y el aullar de las hienas, es algo que no hay palabras para describirlo… hay que vivirlo.ç

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Gracias Abay por la inmensa labor que hacéis, gracias a Eshetu y Abraham, representantes de Abay en Addis, por estar a cada momento pendientes de nosotros, y en nombre de mis compañeros y en el mío propio, una de las experiencias más bonitas de nuestra vida que nos ha cambiado un poco a todos… ya siempre habrá un antes y un después de Walmara… no hay palabras para describirlo ni dinero para pagarlo. Ojalá cada vez seamos más Abay, vale la pena por esta entrañable gente y por esta entrañable tierra.

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Abonesh

Los retos de la vida fecha. 24 de noviembre de 2013

Me presento: mi nombre es Abonesh Gashu Jogora, nací en Hovo Guduv Wouoga, Abe Dongovo Wovoda en 1982 E.C 1990.  Mi padre se llamaba Gashu Jorova Gamada y mi madre Jalane Mama Genchu. Mi padre murió cuando yo tenía 1 año. Viví con mi familia hasta los 12 años, hasta terminar 4º curso. No conocí a mi padre físicamente, pero sí su vida. Mi madre me decía “Abonesh tu padre era un caballero, un hombre valiente, un gran trabajador, honesto… lo siento”, me comentaba. Cuando mi madre me contaba estas cosas yo me sentía triste. Sin mi padre, mi madre fue la que me dio todo el amor y los cuidados…Quiero a mi madre cada día más, y la quiero por los dos, por ella y por mi padre. La respeto muchísimo.

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A los 12 años tuve que separarme de mi familia debido a la falta de medios educativos. Donde vivía con mi familia no había facilidades para continuar con mi educación. Por eso, para continuar mi formación, tuve que irme a la zona Oeste con mi hermana mayor, desde 1994 a 1999 (2002 a 2008). Ella se llama Likitu  y es enfermera. Allí estudié desde 5º a 10º curso. Acabé 10º en 1999 (2007).

Durante esos años lo pasé bastante mal… Fue muy muy difícil para mí, un gran desafío en mi vida. Extrañaba a mi madre, mi hermana, mis hermanos, mis amigos, mi pueblo, nuestras costumbres…En esos momentos no tenía amigos. Pero me decía a mí misma: “si paso por tantas dificultades hoy es para mañana tener un buen trabajo y podré ayudar a mi madre”.

En 2000 (2008) empecé los estudios de profesora, por la rama de Idiomas. En esa época siguieron los retos: no tenía suficiente dinero para fotocopias, ni para nada… Cada noche me sentía abatida y pensaba en mis problemas, apenas tenía dinero y tenía que vivir sola.

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En 2002 (2010) me gradué, con buenas notas.  Ese día me sentí muy contenta, y me dije a mí misma: “un escalón, una solución”. Al cabo de unos meses, en 2003 (2011) estaba de profesora en Oromia en una zona alrededor de Finfine, en Walmera Woreda, Gaba Kemisa Kebele, en Bacho Walmara Primary School, en octubre (08/02/2003) empecé a dar clases de inglés a los cursos de 5º, 6º, 7º y 8º, hasta hoy, que sigo enseñando aquí. La vida en Gaba Kemisa es difícil para mí, pues hay pocas facilidades para vivir. Hace 3 años que vivo en Gaba Kemisa y estos años han supuesto otro gran reto en mi vida, mucho, mucho, mucho y mucho!.

Desde Walmara…

Escrito por :

Abonesh Gashu

firma

Desde el año pasado Abonesh es la coordinadora del Proyecto de Empoderamiento que ABAY lleva a cabo en Walmara. Con él se prentende que las mujeres de la región tengan la autoestima suficiente para ser conscientes de sus potencialidades y capacidades, tener voluntad para participar con voz y voto en la vida de su comunidad y, en definitiva, ser dueñas de su propio destino…Así, a través de proyectos dirigidos a mujeres como el Programa de Alfabetización el Taller Textil o el Proyecto de Agricultura, se pretende conseguir su formación, empleabilidad y empoderamiento.
Además, Abonesh ha comenzado a trabajar con una ONG local, Hundee, contraparte local de Abay, para crear un comité en Walmara llamado Siique donde se traten los asuntos que afectan a las mujeres, abordando, con voz, voto y toma de decisiones, situaciones de violencia de género, discriminación, corresponsbailidad, sostenimiento familiar de familias monomarentales….
Y es que Abonesh, no sólo está consiguiendo acceder a sus aspiraciones: está trabajando incansablemente para que otras mujeres de su comunidad sean conscientes de sus sueños y tengan la capacidad y la fuerza necesaria para luchar por ellos…

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El síndrome de abstinencia de Walmara

Much@s compañer@s voluntari@s de ABAY han contado su enriquecedora experiencia durante su estancia en Walmara. A mí, quizás a modo de terapia, me gustaría hablaros del después, de esos días, que ya empiezo a abandonar, que transcurren a la vuelta de este país que hemos hecho un poco nuestro y en los que, ya por tercera vez, siento sensaciones parecidas.

Puesto que el síndrome de abstinencia es aquel conjunto de síntomas que acontecen cuando dejamos de estar en contacto con algo por lo que sentimos dependencia, me atrevería a llamar a esos días como el síndrome de abstinencia de Walmara.

Cuando llegas a Barajas, te invaden, como en casi todo este proceso, sensaciones contradictorias: la alegría por reencontrarte con tu familia, la satisfacción por el trabajo realizado o el alivio por la vuelta a las comodidades se contraponen con los sentimientos de culpabilidad por llegar a un país llamado del primer mundo, de abandono de mayores y pequeños que no sabes si volverás a ver, de incertidumbre por el desarrollo de algunos proyectos, de cuestionamiento sobre nuestro papel allí y cómo lo hacemos….

Tras dormir los dos o tres primeros días a pierna suelta para recuperar la falta de sueño y el cansancio, empiezo a soñar “en negro”, es decir, da igual que me sueñe con mi madre que es de Cáceres de toda la vida, que en mi mundo onírico aparece negra, como mi jefa, mis amig@s…y tod@s entremezlad@s con la gran familia de Walmara. Además, cambio la Plaza Mayor por los caminos de Gaba, cualquier comida de trabajo es con injera y si sueño que voy de viaje, por supuesto lo hago en gari. De locos, no?

En esta sintomatología mi hijo y mi hija se llevan la peor parte: después de abrazarles exageradamente recordando lo que han vivido de pequeñ@s reflejado en la vida de otros menores, les cae el chaparrón cada dos minutos de la necesidad de valorar desde la comida al sistema sanitario, pasando por el agua corriente, la luz y el colegio. Y se cansan de tener que ponerle a todos sus muñec@s de nombre Gamachu, Korra, Asheti o Darrartu en vez de Sara como sus amig@s.

Esos primeros días en los que vuelvo a recorrer los barrios de mi ciudad, valoro la limpieza de las calles asfaltadas, los semáforos, los parques y hasta a la policía local. Sin embargo miro las encinas añorando las acacias, las farolas sintiendo nostalgia de los atardeceres de mil colores y percibo vacío el anonimato que te da la ciudad en comparación con los saludos respetuosos de los hombres, que se descubren de sus gorras mientras te dicen “salam”, las mujeres que te sonríen vergonzosas sin apenas subir la mirada o l@s miles de niñ@s que se pelean por pasear contigo de la mano.

En el trabajo este síndrome llega a ser un problema, y más si como en mi caso lo haces en los servicios sociales: relativizas todo, cuestionas muchas necesidades de aquí contrapuestas a las de allí, te das cuenta del etnocentrismos que dirige todas nuestras acciones, de que la verdad es algo muy relativo, de que hasta los derechos humanos están tan occidentalizados que nos impiden ver la otreidad…

Intentas estos días, con premura para no olvidar nada, redactar memorias del trabajo realizado durante la estancia, transmitir opiniones de puntos a mejorar y nuevas ideas, planificar proyectos coherentes con las necesidades captadas…y te vas saturando porque no llegas a todo…

Luego van pasando los días, y la vorágine y la rutina hacen que los síntomas vayan desapareciendo y poco a poco regreses a la cotidianeidad. La verdad es que por un lado es un alivio ir superando esa situación de dependencia, de “mono” hacia un lugar y hacia unas personas, volver a disfrutar sin sentirte culpable de todo lo que te rodea… pero nada vuelve a ser del todo como antes: esa semilla creada, ese enganche con esas tierras harán que tu vida sea más complicada pero también más completa. Altruismo lo llaman algunos; para mí es egoísmo puro y duro, porque ya no sé vivir sin Etiopía…

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Gracias por todo a la gran familia de ABAY

Miriam López Falcón

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Marina, from Walmara

Seated in my wicker chair and by the light of the single candle that illuminates the nights in Walmara, I think of all that surrounds me and a smile lights up my face.

It’s my third time here and from the first time I set foot in this place I haven’t stopped dreaming that a better world is possible.

Since that November when I met a group of people in Addis and we set out on our way to Walmara, I’ve done so much. Each experience changes the life and view of each human being, some for better, some for worse, but they all make a change. Walmara was a paradise for me, a ‘bálsamo de esperanza’ in the heart of Ethiopia.

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Five months in this country give you enough to write a book no less thick than Don Quixote but I could sum it all up in a few brief words: endless laughter, the full awareness of those yet uninfluenced by everything that in the ´first world’ we are familiar with as new technologies, friendliness, hospitality and music accompanying even the coldest of nights.

My first journey to Walmara was so different from the third, arriving here with my ‘Gari license’. Yes! Adunga and Motuma gave me the reins of the horse and I felt free as I never have before. My first days here were hard, we got up with the first rays of the sun and we didn’t stop until our eyes closed with tiredness.

Without a doubt, the work of so many people that have passed through here up to now and who have created all this is impressive. Thinking of this gave me the strength to add my grain of sand to this marvellous project. I felt real nostalgia as I left behind the Abay enclosure with much left to be done. But I was lucky enough to go back! And this journey without doubt has made me feel like I was in a film of my ancestors. I could visit the sponsored families, to know their culture, their life, their homes.

When you live these experiences and compare your life with that of other people you feel more strongly that we live in an artificial world created by a way of life in which hurries and pressure dominate from day to day. Here the most important thing is the present moment. There is no rush, no appointment to keep, all you need is here and now.

Tomorrow I leave for bustling Addis, but charged with energy. I feel fortunate to be part of this project, that fights for a better world right now, and those that are left have already brought many smiles of happiness.

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Marina desde Walmara

Sentada en el sillón de mimbre y bajo la luz de la única vela que ilumina las noches en Walmara, pienso en todo lo que me rodea y una sonrisa ilumina mi rostro.
Es mi tercera vez aquí y desde la primera vez que pisé este lugar no he dejado de soñar en que un mundo mejor es posible.
Desde aquel noviembre en el que conocí a un grupo de personas en Addis y nos dirigíamos con rumbo a Walmara muchas cosas he vivido.
Cada experiencia cambia la vida y visión de cada ser humano , unas para mejor y otras a peor, pero todas cambian.
Walmara fue un paraiso, un bálsamo de esperanza en el corazón de Etiopía para mi.

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Cinco meses en este país dan para escribir un libro y no menos gordo que el Quijote pero podría resumir todo en unas breves palabras: risas infinitas, la plena consciencia de aquellos que no están influenciados aun por todo lo que en el ‘primer mundo’ conocemos como nuevas tecnologías, amabilidad, hospitalidad y música acompañando hasta las noches mas frias.
Mi primer viaje a Walmara dista mucho del tercero, llegando aquí con el ‘carnet de Gari’. Si! Adugna y Motuma me dieron las riendas del caballo y me senti libre como nunca antes había sentido.
Mis primeros días aquí fueron duros, nos levantábamos con los primeros rayos de sol y no cesábamos hasta que nuestros ojos se cerraban de sueño.
Sin duda es impresionante la labor de tantas personas que han pasado hasta ahora por aquí y han creado todo esto, pensar eso me daba fuerzas para poner mi granito de arena en este maravilloso proyecto.
La nostalgia de apenas salir del recinto Abay ya que habia mucho por hacer la sentí al abandonar este lugar.
¡Pero suerte la mia que pude volver! Y este viaje sin duda me hizo sentir como en una pelicula de mis antepasados. Pude visitar a las familias apadrinadas, conocer mas su cultura, su vida, sus casas.
Cuando vives este tipo de experiencias y comparas tu vida con el de otras personas sientes mas de cerca que vivimos en un mundo artificial creado por un estilo de vida en el que las prisas y la presión dominan el dia a dia.
Aquí lo más importante es el momento presente , no hay prisas ni cita a la que acudir, todo lo que necesitas esta aquí y ahora.
Mañana me marcho de vuelta a la bulliciosa Addis, pero cargada de energía.
Me siento afortunada de formar parte de este proyecto, que lucha por un mundo mejor y por ahora y las que quedan aun han sacado ya muchas sonrisas de felicidad.

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